Institucional

Más de un siglo forjando lazos de confianza

En el año 1923, cuando la Argentina se afirmaba como un país industrial en plena expansión y los puertos del sur porteño eran el corazón del movimiento metalúrgico, Klockner llegó a la ribera del Riachuelo, en el barrio de Villa Soldati. Allí, entre fábricas humeantes, barcos cargados de acero y un paisaje de trabajo incansable, comenzó una aventura que se transformaría en un legado centenario.
No era solo la instalación de una planta. Era el inicio de una forma de pensar el acero: como un compromiso, una responsabilidad y una promesa de calidad para las generaciones que vendrían.
Los primeros pasos de una tradición
En aquellos días, el acero llegaba por el canal y se descargaba a mano, pieza por pieza, sobre los muelles de adoquines. Hombres que confiaban más en el oficio que en la tecnología daban forma a los materiales que moverían al país durante décadas.
En ese entorno nació una cultura que aún hoy define a la empresa: rigor, trabajo, honestidad y una obsesión por hacer las cosas bien.
Esos valores, transmitidos de maestros a aprendices, de padres a hijos, fueron dando forma a una organización que creció sin olvidar su origen: la cercanía, el esfuerzo y la palabra cumplida.
De Villa Soldati al país entero
Con el correr de los años, lo que comenzó como un pequeño establecimiento metalúrgico se convirtió en un proveedor clave del desarrollo argentino. Tubos, perfiles, chapas y soluciones técnicas abastecieron industrias que impulsaron la economía:
  • Oil & Gas
  • Minería
  • Construcción
  • Metalúrgica y metalmecánica
  • Naval y automotriz
Cada etapa del crecimiento industrial del país tiene, en algún punto, una pieza que pasó por nuestras manos.
El espíritu que nos sostiene hace más de 100 años
El tiempo cambió las máquinas, los procesos y las tecnologías. Pero nunca cambió nuestra esencia.
Seguimos creyendo que el acero tiene un alma: la del trabajo bien hecho. Que cada tubo que entregamos, cada perfil, cada chapa, cada cupla roscada bajo norma, lleva consigo responsabilidad y experiencia. Y que el verdadero diferencial no está solo en el material, sino en la confianza construida a lo largo de un siglo.
Hoy contamos con equipamiento moderno, servicios técnicos de alto valor, infraestructura sólida y certificación de calidad ISO 9001. Pero todo eso es apenas el resultado visible de algo más profundo: somos herederos de una historia forjada a mano, con esfuerzo y con convicción.
100 años después, seguimos en movimiento
Celebrar un siglo no es mirar el pasado con nostalgia. Es honrar a quienes construyeron esta empresa con sus manos y su palabra. Es agradecer a quienes nos eligen hace décadas. Y es asumir el compromiso de estar a la altura del futuro que viene.
Seguimos creciendo, acompañando a la industria argentina con soluciones confiables, precisas y duraderas. Seguimos innovando sin olvidar de dónde venimos. Seguimos unidos por aquello que nos trajo hasta aquí:
la confianza.
El acero nos dio forma. Las relaciones nos dieron fuerza. La historia nos dio identidad.
Somos MROYO KLOCK. Más de 100 años forjando la industria. Más de 100 años forjando lazos que perduran.